Arquitectura y Diseño
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Arquitectura y Diseño

El teatro América es una de las obras de mayor interés arquitectónico de La Habana. Su construcción se terminó en 1941 según diseño realizado dos años antes por los arquitectos Fernando Martínez Campos y Pascual Rojas. Forma parte de un complejo constructivo de grandes dimensiones, un ineludible hito visual de la ciudad, ubicado en una de sus calzadas principales, la de Galiano, de fuerte carácter comercial.  
 

El conjunto, conocido inicialmente como edificio "Rodríguez Vázquez", incluyó un cine, un restaurante-cafetería y una torre con 67 apartamentos, resuelta según una composición simétrica y bloqueada en la cual la porción central de la fachada se jerarquiza mediante una mayor altura

En cuanto al aspecto exterior se seleccionó un estilo arquitectónico moderno, desatándose sencillamente las líneas verticales en el cuerpo superior en contraste con la marcada horizontalidad de la marquesina que corre a todo lo largo de la fachada principal, lo cual, unido al movimiento de masas en distintos planos, permiten obtener el efecto moderno deseado. El vestíbulo principal, foyer y demás salas de espera van decorados sobriamente dentro de las líneas modernas.

En general, se acusa una marcada influencia norteamericana, a tono con la época de construcción. Hay referencias evidentes al Rockefeller Center, de New York, y particularmente el extraordinario interior del Teatro América recuerda al del Radio City Music Hall. También hay detalles retomados y recreados a partir de un ejemplo de clásica actualidad, famoso en el mundo y considerado entonces el mejor de los cines norteamericanos: el Paramount, de Oakland, diseñado por Timothy Pflueger en 1929. 

Son de destacar las soluciones interiores de circulación a partir de un rico juego de escaleras que parte del vestíbulo principal, con un extraordinario diseño de piso, para conducir a los distintos niveles, entre los que se destacan los vestíbulos o salas de estar superiores, una para damas, con colores claros y delicado diseño, y otra para caballeros, de concepción recia y sobria, en la que sobresale la serie de bailarinas que danzan sobre un friso.


La sala de espectáculos, con una luz libre de 29 metros, se cubre por una sucesión de bóvedas en forma de conchas, y en la cubierta del balcony llaman la atención las estrellas que aparentan estar en la bóveda celeste, según la tipología de "cine atmosférico" de moda entonces.

Todos los detalles fueron cuidadosamente diseñados según los códigos del Art Decó y los dictámenes de la tecnología más avanzada del momento, y el resultado fue un conjunto sumamente atractivo que aún hoy mantiene su vigencia.